martes, 4 de noviembre de 2014

El asesinato de un trovador en una dehesa mirobrigense

Ciudad Rodrigo cuenta en su historia con sucesos impactantes, legendarios a veces, en muchas ocasiones teñidos de sangre. Eran tiempos de una justicia singular, incomprensible en el día de hoy y que, sin embargo, se plasmó en legislaciones que trocaron en jurisprudencia.

Cabe recordar, por ejemplo, la justicia que, partiendo de un hecho ocurrido en Ciudad Rodrigo, sirvió para su implantación en distintos fueros medievales. Transcribimos el hecho y el suceso y... sobra cualquier glosa sobre el escrito: “Esta es fazanna de un caballero de Cibdat Rodrigo que falló yaciendo á otro caballero con su muger; é prisol este caballero é castrol... Et sus parientes querellaron al rey don Fernando, é el rey embió por el caballero que castró al otro caballero, é demandol porque lo ficiera; et dixo que lo falló yaciendo con su muger. Et juzgárosle en la corte que debía ser enforcado, pues que á la muger non la fizo nada; et enforcárenle. Mas quando tal cosa aviniere á otro, yaciendo con su muger quel ponga cuernos, sil quisiere matar é lo matar, debe matar á su muger, é si la matar, non será cuernero nin pechará homecidio. Et si matare á aquel que pone los cuernos, é non matare á ella, debe pechar homecidio, é ser encornado, et debel el rey justiciar el cuerpo por este fecho”.
Representación de Chariño con su esposa
El texto solo viene a cuento por la cita al rey Fernando –se trata del que fuera conocido como el Santo-, aunque ahora nos interesa otro Fernando, el cuarto de este nombre y conocido por el Emplazado, sucesor de Sancho IV, el Bravo. Y nos interesa por otro capítulo de la justicia del medioevo, en este caso más comprensible, aunque también sin justificación, que el referido al “cuernero”.
La coronación de Fernando IV como rey de Castilla tuvo un capítulo previo en Ciudad Rodrigo. Era el otoño de 1295 y los infantes Juan de Castilla, el de Tarifa, y su tío Enrique de Castilla, el Senador, se citaron en una dehesa de Ciudad Rodrigo, en donde el infante Juan había asentado sus reales, para dirimir su apoyo al que sería Fernando IV a cambio de ciertas compensaciones: la donación de varias plazas y ciudades.
Durante las conversaciones y con el acuerdo ya alcanzado, se produjo el trágico suceso del asesinato de Payo Gómez Chariño, adelantado mayor de Galicia, quien había apoyado la legitimidad del infante Juan para su coronación en Castilla y que formaba parte de su séquito.
Relatan las crónicas que, montando a su caballo, un pariente lejano, Ruy Pérez Tenorio, se le acercó por la espalda a Chariño y, de manera airada y traicionera, le asestó una puñalada en el corazón, acabando con su vida. Fue tal el impacto que ocasionó en el infante Juan que emprendió la persecución del asesino, le alcanzó y le dio muerte antes de que llegase a Portugal.
Lauda del sepulcro de Chariño y su mujer en Pontevedra.  Foto: J. L. Filpo
Payo Gómez Chariño, además de su faceta como aguerrido guerrero -fue almirante también-, con señaladas victorias y conquistas, como la de Sevilla a los moros, tiene también un hueco importante en la historia de la literatura galaico-portuguesa. Este pontevedrés -su cuerpo fue trasladado desde Ciudad Rodrigo a su tierra natal, en donde está enterrado en la iglesia de los franciscanos- fue un poeta, un trovador, compositor de al menos 28 cantigas que están incluidas en el Cancionero de Ajuda y en otros cancioneros italianos.

Refiere el poeta y ensayista catalán José Mañoso que sus composiciones amorosas “introducen la temática marinera y constituyen un claro exponente de la perfección técnica y estética que alcanzó el cancionero en gallego durante el siglo XIII”.

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