jueves, 19 de marzo de 2020

En torno al farinato: y IV. Una receta de finales del siglo XIX

No podía, no debía finalizar esta serie sobre el origen, etimología, procedencia y virtudes del farinato sin aportar algunos datos más que, de alguna manera, pudieran servir para resarcirnos de la controversia que hayan podido generar las anteriores entregas, afirmando sin paliativos que el origen territorial del farinato estaría en tierras ledesminas. No quiero abundar sobre esa hipótesis; he pretendido trasladar lo que se afirmaba en una de las primeras publicaciones periódicas salmantinas de finales del siglo XVIII, el Semanario erudito y curioso de Salamanca, una aportación que, considero, enriquece nuestra gastronomía provincial con una receta singular, parecida en parte a la que todos conocemos, pero con algunas menguas o acrecentamientos.
            En la búsqueda de más datos sobre el embutido correspondiente al farinato, localicé en su día otra receta de su elaboración en un almanaque culinario[1] recopilado por el escritor gastrónomo Ángel Muro[2], receta[3] de la que también se ha hecho eco en su blog el periodista salmantino Santiago Juanes[4], y que le había remitido el polémico periodista y político salmantino Juan Barco[5], quien mantuvo una agria disputa con el historiador Manuel Villar y Macías sobre los datos de la fundación del Colegio Arzobispo Fonseca, al parecer con razones de peso que, según algunas fuentes, llevaron al historiador salmantino a arrojarse desde un puente del Tormes.
            Llama la atención que ni en el citado semanario salmantino ni en esta receta de Juan Barco se vincule el farinato con los huevos fritos. Sí encontramos en esta última receta una referencia expresa a nuestra localidad: “Ciudad Rodrigo tiene fama por sus exquisitos farinatos y a esto se debe que farinatos llamen a los naturales de la antigua Miróbriga”. No obstante, la conjunción de los huevos fritos con el farinato ya debía ser algo habitual, porque en un anuncio insertado en el periódico salmantino El Progreso el 2 de mayo de 1886 –cinco años antes de la receta de Juan Barco- se hace referencia expresa al típico plato mirobrigense: “Los almuerzos. / Son el eterno problema / de la mujer hacendosa, / ‘Pues, Señor, no sé qué cosa / ponga de almuerzo, es su tema’. / Solución a este conflicto: / es buen almuerzo y barato / un dúo de huevos fritos / con trozos de farinato”.
            Pero vayamos, para concluir esta serie sobre el farinato, con la receta que envía Juan Barco al gastrónomo Ángel Muro: Tomarás... un kilogramo de gorduras de cerdo, las pondrás al fuego dentro de un caldero, meneándolas siempre para que no se peguen y cuando estén a medio derretir añadirás 500 gramos de cebolla picada... y seguirás meneándolo todo con una cuchara de palo.
Anuncio de 'El Progreso' en 1886

Después de un cuarto de hora, añadirás a lo dicho un kilogramo de pan (desmenuzándolo) que habrás humedecido en un barreño 24 horas antes.
Y seguirás meneándolo. Verterás luego sobre aquella masa 250 gramos de aceite crudo y 125 de pimentón, la sal correspondiente y un puñadito de anís en grano.
Siempre al fuego y menea que menea hasta que los ingredientes formen un todo armónico, o sea una masa ligeramente compacta; y luego, en caliente la embutes en tripas de vaca, del largo de una cuarta.
Ya están hechos los farinatos, y sólo falta colgarlos al oreo, en la cocina, cerca del hogar.
Pasados quince días se descuelgan los farinatos y sobre una tabla se van aplastando. Esta operación, realizada por manos blancas y rollizas hechas a cebar lechones, acrecienta el buen gusto de los farinatos.
Cuélganse de nuevo y ya están en disposición de ser comidos, advirtiendo que cuanto más tiempo pase, más y más ricos halláralos quien los pruebe.
Sírvese el farinato en Castilla a la hora de tomar un piscolabis, o sea, a media mañana, y para el caso se fríe en pedacitos, con manteca de cerdo.
Ciudad Rodrigo tiene fama por sus exquisitos farinatos y a esto se debe que farinatos llamen a los naturales de la antigua Miróbriga.
¡Ah! el farinato se come sin pan; para no incurrir en aquello de ‘pan con pan comida de tontos’.
A tanto alcanzan, amigo Muro, los conocimientos culinarios de su afectísimo,
Juan Barco.
Salamanca, 23 de diciembre de 1891.




[1] MURO, Ángel: Almanaque de ‘conferencias culinarias’ de Ángel Muro, (primer año), 1892. Madrid, 1891, pp. 67 y 68.
[2] Ángel Muro Goiri (1839-1897) fue un gastrónomo, escritor e ingeniero español. Nacido en 1839, aparentemente en Madrid, aunque siendo las primeras etapas de su biografía bastante desconocidas se le ha hecho en el pasado también natural de Galicia y de Cameros. Escribió tratados culinarios especializados en la cocina española, sus recetarios eran de consulta por los cocineros del comienzo de siglo XX. Falleció el 13 de agosto de 1897 en la localidad pontevedresa de Bouzas, en la actualidad parte de Vigo.
[3] Recurso electrónico: http://hemerotecadigital.bne.es/details.vm?q=id:0025753429&lang=es. La receta se incluye en “este almanaque, del que sólo consta el número correspondiente a 1892, se editó como complemento a la publicación Conferencias culinarias,  un recetario de periodicidad mensual que venía siendo editado desde hacía dos años por Ángel Muro, uno de los escritores gastronómicos más afamados de finales de siglo XIX, con obras como El practicón y Diccionario general de cocina.
El almanaque contiene fórmulas culinarias escritas expresamente por renombrados autores de la época como Ramón de Campoamor, José Ortega Munilla, Vital Aza o el célebre Doctor Thebussem. Pero sobre todo incluye recetas de platos confeccionados por personajes célebres, como Lord Byron, Molière o el papa Pío IX.
Como corresponde a artistas de la pluma, las recetas estaban exquisitamente escritas, algunas de ellas en verso y con gracia como la que escribió José Fernández Bremón titulada Gato por liebre, en la que describe como asar a fuego lento a un gato y condimentarlo de tal forma que esté más apetitoso que una liebre.
Podemos ver cómo preparar las gachas manchegas según la receta del dueño del famoso restaurante Lhardy, de la Carrera de San Jerónimo, o el curioso guisado de trigo, por el periodista y más tarde alcalde de Madrid José Francos Rodríguez. No faltan recetas de platos de todas las regiones y territorios de España, como el arroz a la cubana, firmada por José del Perojo, que tiene la particularidad de ser redactada cuando Cuba todavía era española.
Entre las recetas de personajes célebres figura una costrada de asadurilla de cabrito, de Francisco Martínez Montiño, cocinero del rey Felipe III, cómo preparar leche de almendras, de Alejando Dumas padre, o unas chuletas regias, receta firmada por el mismo Luis Felipe, último rey de los franceses.
El recetario se cierra, antes de dar paso al santoral, la relación de fiestas del año y el anecdotario de que consta todo almanaque, con la fórmula para preparar, según dice la publicación, el plato favorito del almuerzo español: los huevos fritos, receta que no viene firmada y que es previsible que redactara el propio director Ángel Muro”.
[4] El Tumbaollas: El farinato de Juan Barco (1891). Editado el 8 de diciembre de 2010.
[5] [5] Juan Barco Cosme (Salamanca, 1858 - Madrid, 6 de marzo de 1927). Periodista salmantino radicado en ese tiempo en Madrid. Desempeñó también diversos cometidos políticos: gobernador civil de Teruel y Castellón. Sostuvo una polémica y disputa con Manuel Villar y Macías sobre la fecha de fundación del Colegio Arzobispo Fonseca, en la que demostró tener razón. Hay quien sostiene, con argumentos de peso, que dicha disputa derivó en el suicidio del historiador salmantino arrojándose desde un puente al Tormes el 26 de junio de 1891, unos meses antes de la fecha de la receta de Juan Barco.

viernes, 7 de febrero de 2020

En torno al farinato: III. Sus propiedades y excelencias contra las enfermedades

Es una pena. Por mucho que he investigado, no he podido encontrar completo el texto, los ripios mejor dicho, que ensalzan en virtudes al farinato. En ese mismo semanario, el de finales del siglo XVIII que se editaba en Salamanca, nuestro protagonista, a modo de colofón, intentando convencer a quienes todavía dudaran de las excelencias del embutido salmantino, inserta una serie de estrofas, a cual mejor, sobre remedios que se vinculan con el consumo del farinato.
            Se publica en el número del 15 de septiembre de 1798; faltan unas páginas, al menos de los originales digitalizados, pero son suficientes, creo, para comprobar el grado de convencimiento propagandístico que en ese momento –recuerdo finales del siglo XVIII- se hacía de nuestro peculiar embutido. El título es de por sí sugerente: Capítulo primero y único, que trata de las dolencias que sana el farinato y su virtud para preservarse cualquiera. Y tal vez haya que tener en cuenta sus propuestas. Una pena, aunque intentaré completar la secuencia, que no se conserve o no se haya digitalizado en su integridad.
            Por ejemplo, es un bálsamo contra la hipocondría o la tristeza:

La hipocondría o tristeza
es difícil de curar,
porque quien la ha de sanar
está en continua pereza.
Sin embargo, mi rudeza
te da un remedio barato,
y es que dediques un rato
de cada día al festejo
de beber de un buen pellejo
y comer bien farinato.

            Pero también contra la esterilidad...

Si padeces el trabajo
que tienen muchos casados
de vivir siempre enfadados
llorando con grande cuajo,
no afanes, usa el atajo;
que el elefante y el gato
enseñan tu ser ingrato.
Y para estéril no ser,
procura siempre comer
en su tiempo el farinato.

            Y lo que se conocía como retención de vías, aunque estos ripios están inconclusos:

Si las vías perezosas
no ejercitan sus funciones
y te dan retortijones
que te atormentan dos cosas;
de alacranes y de rosas
no uses, que un desbarato
te causarán y mal rato;

            Creo que no es demasiado difícil imaginarse esos tres últimos versos...

            Continuará...

miércoles, 5 de febrero de 2020

En torno al farinato: II. Etimología, implantación, proyección y... elaboración

Si nos atenemos a las elucubraciones y afirmaciones que nuestro protagonista apunta en su carta al redactor del Semanario erudito y curioso de Salamanca, parece evidente que la procedencia de nuestro peculiar embutido es propia de Ledesma, reafirmándolo con perseverancia al señalar que antes de que se manifiesten los prodigios y buenos efectos que produce el farinato en los que le usan, conviene explicar lo que es, su composición y demás que debe prevenirse, a fin de que los que carezcan de su noticia (por ser solo producido o criado en Ledesma) puedan concebir una idea pronta y cabal de un específico tan interesante, así como del modo de su preparación para hacer de él su competente uso en los casos y urgencia que les ocurran.
            Y antes de abordar su elaboración, el autor de la carta en cuestión –ya trocada en opúsculo- quiere adentrarse en su posible origen, incluso etimológico del referido vocablo, de nuestro reivindicado farinato: En su virtud, aunque nada nos dicen las historias, escritos o monumentos antiguos del país sobre la época en que fue inventado tan delicioso y saludable bocado, ni menos acerca de quien hubiese podido ser su autor, no es precisa o necesaria su investigación, porque como dijo un sabio, de lo noble y precioso no hemos de buscar con vana curiosidad su origen o principio; basta, pues, por tradición su etimología, motivo de introducirse y modo de componerse o fabricarse, puntos todos muy suficientes para que este opúsculo, aunque pequeño, se tenga por muy completo.
             Haciendo un ejercicio de investigación etimológica un tanto estrafalaria, el autor del opúsculo viene a explicarnos que esto asentado, y viniendo ya el primer particular, la voz farinato es derivada de dos latinas, cuales son farina  y natus, y quieren decir nacido de la harina, y con mucha propiedad, bien se tome porque en su principio se componía con harina, tal o bien porque su mayor principal sustancia es el pan vuelto a hacer harina, según se demostrará a su tiempo.
            Y sigue elucubrando sobre su origen tras haber manifestado lo que importa o significa dicha voz, y pasado al segundo punto, no menos corre y ha corrido siempre generalmente por este país que el motivo del uso del farinato (cualquiera que fuese su inventor) fue solo la necesidad. Me explicaré en los términos que he oído a los más ancianos: Dicen, pues, que aunque se ignora el autor, éste, precisado a dar el sustento competente a sus criados, jornaleros y otros sirvientes, advirtió que a proporción de las carnes de cerdos que mataba, lo de tripa no le sufragaba para cubrir el año, pues como eran más los días que las morcillas o longanizas, al mejor tiempo faltaban estas y no tenía con qué acompañar las berzas más que con tocino. Para llenar sus deseos concibió en su idea hacer un suplemento de morcilla, sin gastar en él sangre alguna y con efecto lo pudo conseguir con la fábrica del farinato.
            Si ya tenemos su origen etimológico y la justificación de su elaboración, ahora nos refiere su proyección, su propagación y el éxito que obtuvo entre los lugareños en aquellos tiempos:  Como las gentes con el tiempo se llegasen a instruir del invento, y mucho más de la grande utilidad que traía a sus casas, le adoptaron unánimemente, convenciéndose después por la experiencia, era muy socorrido, no solo para el mantenimiento insinuado, sino para agasajar de pronto a uno y otro huésped que de improviso se presentase; de manera que en el día se mira introducido aún en las casas de los más caballeros, bien que como de más delicado gusto le mejoraron y pusieron en el estado que hoy tiene de su composición.
            Referido su origen y procedencia, su calado en la sociedad de aquel momento y su asiento como valor nutritivo, nuestro protagonista se centra ahora en su fábrica, en su elaboración: Esta, por último, se reduce a guardar en su guiso el método siguiente: tómase una porción de panes cocidos según permitan las facultades de cada uno; desazónanse aquellos a pedazos en un barreño morcillero y se cubren de agua la precisa para poderse empapar bien, hasta que no se encuentre en ellos dureza alguna. En este estado se pasa a deshacerles entre las manos, de modo que vengan a quedar como harina, aunque húmeda, por el agua que ha embebido toda la dicha porción. Échasele enseguida sal, pimiento colorado, cominos molidos, azafrán, astilla de clavo, cebolla picada y demás especias que se acostumbran para las morcillas, lo que ha de ser en aquella cantidad que pueda dejarlo bien sazonado, según el gusto de las mondongueras, las que están tan diestras que en nada se les nota exceso, sino en la sal y pimiento de que cargan un poquito más la mano para su conservación.
            Ejecutado lo dicho y puesta así en sazón la masa, se le echa porción de gorduras picadas, según juzgue indispensables y muy proporcionada al pan, y al momento todos aquellos ingredientes se amasan con una, dos y más vueltas hasta quedar bien mezcladas y unidas entre sí. Déjase después estar en enfusión y cuando se cree estar hecha esta perfectamente, se derrite porción de grasa en una sartén, fríese en ella porción de cebolla y derrámase todo por el barrigón, con lo cual se pasa a darle la última mano, volviéndole a amasar con más fuerza hasta dejarle en punto, y de manera que pueda enfusarse.
            Este enfuse se reduce a embutir aquel material en unas tripas a imitación de las morcillas, con quienes guarda su proporción el farinato, pero se diferencian en que aquellas llevan sangre de cerdo y se cuecen en caldera, pero el farinato no lleva sangre ni se cuece, sino luego que se han embutido y atado se cuelgan al instante en varales y se llevan a la cocina o curadero, donde se curen del mismo modo que las morcillas, y así curados se conservan por todo el año y más, sin experimentar corrupción alguna, echando mano de ellos cuando la necesidad lo pide, bien sea para el sustento diario, como se ha dicho, o bien para hacer uso en el acometimiento de diferentes enfermedades, contra las que se ha experimentado ser un remedio eficacísimo, así para curarlas, como para preservarse de ellas, que es lo que se va a manifestar sin más digresiones, como el objeto de esta obra.

Continuará...

lunes, 3 de febrero de 2020

En torno al farinato: I. Tierra de procedencia

Mucho tiempo. Demasiado tiempo sin mover, sin activar este blog. Otros cometidos me han ocupado en un amplio y denso periodo, ciertamente con más o menos éxito. Eso no es ahora lo que me comete, sino cumplir con algo que he venido anunciando en distintos momentos, que he pulsado con varias personas y que, estoy seguro, puede generar alguna controversia por el calado que pudiera alcanzar en una parcela del chovinismo local. No es esta mi intención, pero, repito, no dejará indiferente a nadie, al tiempo que espero sirve para asentar uno de los capítulos de una de las facetas de la historia local que todavía se mueve entre tinieblas documentales, porque realmente muy poco se ha investigado y trasladado al escrito sobre uno de los elementos sustanciales de la gastronomía local, que nos ha dado fama y orgullo, incluso un popular gentilicio aparejado, para muchos rodericenses, a una especial forma de ser. Queda claro que me estoy refiriendo al farinato, al vilipendiado y enfatizado embutido de la Tierra de Ciudad Rodrigo, ese que nos identifica y nos sirve de apelativo.
            Digo que poco, relativamente documentado en fuentes al uso, se ha escrito del farinato más allá de finales del siglo XIX. Y casi siempre vinculando el embutido con nuestra tierra, aunque en no pocas ocasiones su origen se hace extensivo al resto de la provincia, con especial insistencia en la capital, tal vez por esa competencia secular que ha mantenido con Ciudad Rodrigo en distintos frentes y por distintos motivos.
            Hace unos meses, buscando información sobre la prensa local para un trabajo en ciernes, me llamó la atención una curiosa carta que un tal M. A. D., posiblemente de oficio eclesial, escribía al presbítero Francisco Prieto Torres, a la sazón redactor y responsable del Semanario erudito y curioso de Salamanca, y que se publicó en el número 572, correspondiente al 11 de septiembre de 1798. La carta comienza con elucubraciones sobre qué podría aportar nuestro protagonista a la sociedad, un proyecto que pudiese ser provechoso a la sociedad; siguiendo así el ejemplo de infinidad de sabios que, conducidos de las mismas ideas, nos enseñan el camino de trabajar en obsequio de la felicidad pública,  ideas, a la verdad, que más que nunca se ven hoy grabadas en el corazón del hombre con generalidad, y que han sido el origen, de un sin número de inventos beneficiosos a la humanidad. ¡Felices días en que con tanto placer registran nuestros ojos, tan benéfica ocupación de los mortales! ¡Y feliz yo si pudiese llegar a ocupar algún lugar entre héroes tan esclarecidos!
            Y continúa avanzando en sus devaneos para ser recordado en la posteridad: Esta gloria, por la que suspiraba con ansia, no dejaba de darme ánimo y valor para la empresa; mas encontrábame luego con un poderoso obstáculo que me detenía, y era el reflexionar no había ya materia que hubiese dejado de tocarse, y por consiguiente que me faltaba sugeto a que poder dirigir mi conato. Y reflexionando trajo a su memoria las provincias, ciudades, villas, lugares y aldeas contenidas en el distrito de más de ochocientas leguas que he corrido; me representaba los usos, buenas costumbres, gobierno y demás que había advertido en sus respectivos moradores; reconocía sus producciones, proporción de terrenos y oportunidad de riesgos en sus muchas aguas; no perdía de vista las muchas y distintas fábricas, máquinas y otras industrias, capaces de hacer laboriosas miles de almas; y en fin, no había cosa que hubiese visto, notado o admirado, que no se me propusiese delante; pero ya todo veía estar ocupado, como objeto digno de otros más sublimes ingenios.
            Esa zozobra -aquí fueron mis ansias, mis congojas, mis suspiros y mis mayores sentimientos, pues reconociéndome ya viejo, advertía al mismo tiempo haber nacido tarde para elegir un objeto virgen, que pudiese servir a mis designios-, ese conflicto y ahogo [en que] me hallaba, se disiparon cuando he aquí que de repente se ofrece a mi imaginativa el farinato de este país. Para en él la consideración. Hago anatomía de su estructura. Analizo cada una de sus partes. Reflexiono sobre sus respectivas esencias y calidades con separación. Paso a hacer muchos y distintos experimentos. Encuentro efectos maravillosos. Y, por último, me convenzo ser un asunto digno de que alguno lo abrace y haga con él un servicio muy particular al género humano. Y reflexionó largamente sobre este producto, haciéndose cargo de que con el uso del farinato no solo se promueve y facilita un ramo de industria rústica con especialidad, sino que también por su medio se curan y aún precaven muchas enfermedades, según me ha acreditado la experiencia del largo tiempo que he vivido entregado a un conocimiento tan útil como deleitable.
            Después de elogiar y analizar su descubrimiento, ¿no será puesto en razón salga a luz tan ventajoso proyecto desde este rincón, donde únicamente es conocido? ¿Y que se extienda por lo dilatado del orbe para que todos los vivientes gocen de tan saludables beneficios? Y para ello recurre al referido redactor y a su semanario: Busco a Vmd. para propagador, contentándome únicamente con haber sido el descubridor de sus singulares virtudes; pues mi edad no me da ya vigor para otra cosa, ni mi fortuna es tan próspera para poder contribuir a que tenga la aceptación debida...
            Así, pues, nuestro enigmático M. A. D. se autoproclama descubridor de las virtuosas características que depara el farinato y su consumo; y pretende que se beneficie de ello todo el que pueda, extendiendo el conocimiento del farinato más allá de donde tiene su origen y es conocido, que, según nuestro protagonista, no es Ciudad Rodrigo ni su Tierra. Y busca en la persona de Francisco Prieto Torres su implicación y un mecenas y que a su sombra tenga este invento toda aceptación entre las gentes; le busco por protector de él para el efecto insinuado. A este fin le dirijo adjunto el papel que le contiene, rogándole encarecidamente le admita, acepte el cargo y se esfuerce lo posible en su propagación hasta conseguir el feliz éxito en la salud de nuestros, hermanos.
            La carta esta fechada en una localidad salmantina el 5 de marzo de 1798 y, además de lo señalado, incorpora una descripción de cómo debe elaborarse nuestro embutido y de las virtudes que entraña, un interesante trabajo que lleva por título Maravillosas virtudes y saludables efectos que se han descubierto en el conocido can el nombre de FARINATO BLETISSANO. Por un físico moderno y nuevo, especulador hasta de lo más nimio. Danse a luz para beneficio de la salud pública.

            Evidentemente, como refleja el enunciado, el origen y procedencia del farinato la enclava nuestro protagonista en la Bletisa romana, localidad que hoy conocemos por Ledesma y que aparece en la inscripción de nuestras emblemáticas Tres Columnas. Por lo tanto, y es la primera referencia documental que hasta ahora he localizado sobre este particular embutido salmantino, habría que vincular el farinato, de momento y mientras no sea documentalmente refutado, ateniéndonos a lo que se publica en el citado semanario de Salamanca, a la ciudad de Ledesma.
            Continuará...

sábado, 9 de abril de 2016

Una entrevista esclarecedora a Celso Lagar

Como todos sabéis, este año se cumplen dos efemérides vitales en la figura del pintor mirobrigense Celso Lagar Arroyo. Por un lado, se conmemora el 125 aniversario de su nacimiento y simultáneamente los 50 años de su muerte, acaecida en Sevilla en 1966, después de 11 años de penuria física y económica tras la muerte en 1955 de su esposa, la escultora Hortensia Begué, suceso que enloquecería a nuestro paisano y que le llevaría a la tumba tras una década nula en su producción artística. Lagar se autoconsideraba el fundador de la técnica pictórica conocida como planismo, una vanguardia que fue, generalmente, mal entendida o comprendida por la crítica. Por eso, mantuvo siempre un esfuerzo por explicarla, por darse también a conocer cuando exponía en galerías de Barcelona o de Madrid, antes de asentarse definitivamente en París para formar parte de la primera generación de la denominada Escuela de París.

domingo, 3 de enero de 2016

Algunas notas sobre la fortificación de Ciudad Rodrigo en el siglo XVII que recogen los libros de acuerdos (II)

Aunque parezca evidente, tal vez algún despistado no se haya percatado que en el periodo en el que nos encontramos, en 1652, Ciudad Rodrigo y su tierra estaba en el fragor de los acontecimientos bélicos vinculados al levantamiento de Portugal en 1640 y que se extenderían hasta la paz alcanzada en 1668. Evidente era pues que una de las preocupaciones de los regidores mirobrigenses y, por extensión de sus vecinos, fuera intentar garantizar su defensa, tanto de la plaza fuerte -se había caído un lienzo de la muralla, en la zona del Hospital de la Pasión; se pueden apreciar los restos en la subida de la calzada del Puente Mayor a la Puerta de Santiago y se constata también por el uso de cantería y sillares en vez del típico calicanto-, como de sus arrabales, especialmente el de San Francisco, el más poblado y que contaba con una destartalada cerca que partía desde la Puerta de los Sexmeros -al lado de la Puerta del Sol-, continuaba por la calle de la Magdalena -hoy Agustín de Foxá-, volvía hacia el convento de Santo Domingo -hay restos visibles junto a la residencia de Asprodes-, cruzaba las calles Cárcavas y Rastrillo -de ahí sus nombres-; cambiaba su dirección hacia lo que hoy se conoce como Plaza de los Herradores y enfilaba cruzando la huerta de San Albín -por la estación de autobuses- hasta cerrar con la muralla medieval a la altura, más o menos del revellín del Calvario, cerca de la Gran Brecha.

sábado, 2 de enero de 2016

Algunas notas sobre la fortificación de Ciudad Rodrigo en el siglo XVII que recogen los libros de acuerdos (I)

Hace ya tiempo que no me acercaba al blog. Ni siquiera había tenido prurito en ojearlo. Otras obligaciones me embargan y apenas tengo tiempo para dedicarlo a la labor de investigación. No obstante, entre mis archivos figuran algunas referencias que considero importantes para nuestra particular historia y que había ido compilando durante algunos año a la espera de que sirvieran de muleta para redactar algún artículo o monografía sobre distintos aspectos de la historia local. Entre esas referencias hay bastantes vinculadas a distintos aspectos de la fortificación, especialmente desde mediados del siglo XVII que pueden servir para comprender los avatares y preocupación que marcaban la vida municipal en aquel entonces. Sin tratamiento alguno, más que algunas matizaciones y concreciones para entender el acuerdo, las iré divulgando a través del blog, aunque, como se puede comprender, sin visos de continuidad formal.

sábado, 10 de octubre de 2015

Regulación de los bailes y música callejera

En mis anotaciones variopintas me he topado esta mañana con unas referencias legislativas locales vinculadas a la música callejera y a la convivencia ciudadana. Me imagino que procedan de algún apunte que en su día me sugirió el añorado Joaquín Fiz, Tato, en su denso, interesante e inacabado -una pena- trabajo sobre las murgas y las coplas de Ciudad Rodrigo. Como quiera que tiene su aquél, y a pesar de que legislar y su letra no son ningún atractivo para el común, retomó aquello que escribí en enero de 2006 y que fui recogiendo de las distintas ordenanzas con que ha contado nuestra ciudad, especialmente las de 1864 y 1904, referidos todos esos apuntes a la regulación de los bailes públicos en sala, a la música de calle, a los músicos, a los ruidos y a la necesaria convivencia, evitando molestar a los vecinos.

sábado, 3 de octubre de 2015

"El artillero misterioso"

Todavía no he conseguido tener entre mis manos un ejemplar de esta publicación. Tan solo puedo conformarme con una fotocopia, además incompleta, del libro del que me voy a ocupar hoy, un opúsculo más bien que no alcanza las 80 páginas, escrito por un procurador de los tribunales natural de Aldea del Obispo y que tuvo arraigo en distintas localidades, entre ellas Ciudad Rodrigo, Ledesma o Vitigudino, para ejercer su labor profesional. El libro en cuestión lleva por título El artillero misterioso o glorias y sentencia de Ciudad Rodrigo. Fue impreso en 1888 en Vitigudino, en los talleres de Isidoro Hernández, que estaban ubicados en el número tres de la calle del Amparo. El nombre del autor, una persona con profunda convicción religiosa, es Vicente Santos Blanco.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Tasación y derribo de decenas de casas para favorecer la fortificación en 1708

No es la primera referencia que sobre este tema aporta el blog. En la cuarta entrega de los apuntes sobre la fortificación de Ciudad Rodrigo me referí al auto promovido por el brigadier Pedro Borraz o Borrás -sería mariscal de campo al año siguiente- en marzo de 1708, poco después que las tropas aliadas recuperaran la plaza fuerte mirobrigense, en manos de los austricistas desde el 25 de mayo de 1706 y que fue reconquistada el 4 de octubre de 1707 para la causa de Felipe V y, por ende, la instauración de las monarquías borbónicas en España. En aquel post hice referencia al citado auto firmado por el gobernador de la plaza rodericense, Pedro Borraz, encomendando al ingeniero mayor de dicha plaza de armas, Juan Muñoz de la Ruesta, un inventario y tasación de las casas que debían ser derribadas para favorecer la fortificación, tanto fuera como dentro de murallas.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Dictamen para la declaración de Ciudad Rodrigo como "monumento histórico-artístico" (y II)

Para cerrar el capítulo abierto ayer con la primera entrega de este post, inserto la segunda parte del dictamen elaborado por el equipo de Elías Tormo, de la Real Academia de la Historia, que sirvió de base para la declaración de Ciudad Rodrigo como "monumento histórico-artístico", en virtud del decreto del general Franco datado el 29 de marzo de 1944 que fue insertado en la Gazeta de Madrid el 9 de abril de ese mismo año.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Dictamen para la declaración de Ciudad Rodrigo como "monumento histórico-artístico"

La Alberca está celebrando este año el 75 aniversario de su declaración como conjunto monumental. Fue la primera localidad de España que consiguió esa distinción. Lógicamente, en virtud de la efeméride, el hecho referencial ocurrió en 1940, concretamente en septiembre. Por un hecho luctuoso, un accidente de tráfico, no se pudo desarrollar el conjunto de actos previstos para los pasados días 5 y 6 de septiembre, posponiéndolos para otro momento. Viene a colación este recordatorio, esta introducción, para asentar el post de hoy, que estaría en la misma línea de la efeméride albercana. Me refiero a la declaración de Ciudad Rodrigo como "monumento histórico-artístico", figura que prefirió el académico Elías Tormo en vez de la de "pueblo artístico", denominación que propuso la Junta Provincial de Monumentos de Salamanca para que esta localidad fuera protegida en su conjunto monumental.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Antecedentes y desarrollo del Carnaval de 1917 (y II)

Estamos en 1917 y “han dado comienzo las célebres fiestas del Carnaval mirobrigense con un tiempo espléndido”, explica Moreno en El Adelanto. Desde la siete de la mañana la gente empieza a coger sitio en la Plaza Mayor para presenciar el encierro del ganado, perteneciente al ganadero Marino Risueño Bernal. “Los toros son de buena presencia. A las once da principio la prueba, que es presidida por el primer teniente de alcalde, D. Emeterio Pacheco, estando abarrotados de público todos los tendidos, luciendo sus habilidades varios aficionados al arte taurino”.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Antecedentes y desarrollo del Carnaval de 1917 (I)

El desarrollo de la I Guerra Mundial, con la neutralidad española, mostraba también sus consecuencias en Ciudad Rodrigo. España vivió en este año de 1917 una crisis con varios frentes abiertos, manifiestos en la época estival, que hicieron peligrar al propio gobierno y al sistema de Restauración instaurado por Cánovas y Sagasta: un movimiento militar con la creación de las novedosas juntas de defensa; el desafío político incentivado por la burguesía catalanista que cuestionaba las bases del sistema ideado por conservadores y liberales a finales del siglo XIX y que se concretó en una asamblea de parlamentarios considerada sediciosa por el jefe del gobierno, Eduardo Dato; y un movimiento social que desencadenaría una huelga revolucionaria en agosto, aplacada por el gobierno con una intervención militar en Cataluña y, entre otras iniciativas, la implantación de la censura previa en la prensa.

sábado, 29 de agosto de 2015

Visita a Villar de los Álamos para comprar los toros de la Feria de Mayo de 1909

El invierno no es favorable para la organización de los festejos taurinos. Incluso, si nos atenemos a lo que ocurriría más adelante, en los primeros meses de 1909, el coso del Hospicio se desmontó –el Ayuntamiento necesita el maderamen para cerrar el cuadrilongo carnavalesco-. No obstante, volvió a levantarse en los meses siguientes si nos atenemos a la solicitud que resuelve el gobernador civil para la celebración de un festejo taurino el día de San Isidro Labrador, una petición que realiza el alcalde en nombre de la “clase agrícola”. Y lo hizo casi simultáneamente a otra solicitud cursada a mediados de marzo por empresarios locales cara a la celebración de la Feria de Mayo en donde vuelven a solicitar al Ayuntamiento el cierre de la plaza con las maderas utilizadas para las corridas de Carnaval, atendiendo, dicen ellos, a la “conveniencia de fomentar esta clase de festejos”. Se accede, una vez más, a lo solicitado, pero “siempre que respondan dichos contratistas de las faltas y desperfectos que en aquel [el cierre de la plaza] pueda haber”, dejando entrever que el celo en el cuidado y mantenimiento del maderamen se había alejado de lo previsto.

domingo, 23 de agosto de 2015

Fuga novelesca de dos monjas del convento de las Descalzas en 1866

Viene a colación hoy un capítulo que, desde mi punto de vista, serviría perfectamente de guión para una novela, incluso para el rodaje de una película. Los hechos tuvieron como escenario inicial Ciudad Rodrigo y, concretamente, el convento de las Franciscanas Descalzas, ubicado entonces en la denominada plazuela del Campo del Trigo, hoy dedicada al poeta local Cristóbal de Castillejo, y que trocaron sus dependencias en cárcel pública y desde hace unos años en residencia de mayores. La historia se concretó en el mes de junio de 1866 y tuvo como protagonistas directos a dos monjas de clausura -sor Francisca de Sales y sor María del Niño Jesús-, un oficial de la alcaldía -José Acisclo Hernández- y un ratero que respondía al apodo de El Ratón. Todos ellos promovieron y organizaron la fuga novelesca de las citadas dos monjas, una acción que tuvo resonancia nacional y que hizo intervenir a eclesiásticos y seglares durante el tiempo en que se tardó en zanjar esta peculiar aventura.

sábado, 22 de agosto de 2015

Polémica con ganaderos guinaldeses por un encierro del Carnaval de 1864

No suele ser frecuente en la organización de los antruejos mirobrigenses que hubiera problemas con la presencia, calidad o número de las reses que participaban en los encierros de Ciudad Rodrigo. Pero hace unos 150 años, concretamente en 1864, se produjeron unos incidentes que tuvieron ocupado al consistorio presidido por Juan Arias Girón. El 20 de enero se habían firmado los contratos para que los ganaderos facilitasen las corridas de novillos del antruejo de 1864. Los comisionados municipales habían sido los regidores Pedro María Cascón –perito agrónomo de profesión-, Manuel Valías –orive- y Domingo Sánchez –labrador-. En el contrato se comprometían 10 novillos de los que al menos ocho deberían entrar en la plaza. Si así fuere, se les abonarían mil reales por corrida y si hubiera alguna mengua, se prorratearía dicha cantidad.

domingo, 16 de agosto de 2015

Pleitos por el callejón del toril de la Plaza Mayor, hoy quiosco de prensa

A lo largo de 1875 el consistorio tuvo que velar en varias ocasiones por la integridad física y el usufructo del local que desde al menos mediados del siglo XVIII[1] servía de toril para los festejos taurinos del Carnaval[2]. Pero previamente, en concreto el 3 de mayo de 1867, Francisco Forns Pascua, propietario del inmueble número uno de la calle de La Colada, eleva una instancia al ayuntamiento en la que pone de manifiesto los perjuicios que le está provocando la situación del corral del toril, un callejón que posee esa ilustre corporación, corto, estrecho y sin salida[3], y sobre el que tiene servidumbre de luces, aprovechamiento que también disfrutaba Fermín de la Fuente, propietario de la vivienda ubicada en el número 17 de la Plaza Mayor.

sábado, 15 de agosto de 2015

Galería de ilustres mirobrigenses: Pablo y Toribio Cáceres de la Torre

Quiero rescatar hoy la memoria de dos ilustres mirobrigenses, dos hermanos procedentes de una linajuda familia de Ciudad Rodrigo que han dado nombre a una de las calles señeras del casco histórico rodericense. Me refiero a la familia de los Cáceres y en concreto a dos de sus miembros más destacados por su faceta científica, como son Francisco Pablo Joaquín Cáceres de la Torre y su hermano Toribio, al que ya hemos citado en alguna ocasión por sus vínculos con el proyecto y construcción del pantano del Águeda.

domingo, 9 de agosto de 2015

Cambios en la adjudicación de los tablados en 1926: de la subasta al sorteo

Una polémica sobre el festejo taurino en el inicio de la Cuaresma de 1926 –me refiero al Miércoles de Ceniza, polémica de la que ya he escrito en varias entradas- convivió con otra situación que generó más controversia si cabe, tanto en el seno de la corporación como entre los afectados, especialmente el gremio de carpinteros. El concejo había decidido sustituir la tradicional subasta de los tramos de tablados por un sorteo entre los vecinos interesados y que contasen con la preceptiva cédula personal[1].