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sábado, 1 de agosto de 2015

Una carta sobre los acontecimientos de 1808 en Ciudad Rodrigo y su entorno

La pasada semana recordé los acontecimientos que desencadenaron el asesinato del que fuera gobernador de la plaza de Ciudad Rodrigo Luis Martínez de Ariza. En esta ocasión quisiera ofrecerles un documento vinculado a estos sucesos, pero que, además, hace referencia a las noticias y acontecimientos que protagonizaron las tropas españolas, inglesas y portuguesas en su lucha contra el ejército napoleónico en un determinado plazo de tiempo, concretamente entre el 4 de mayo y el 2 de octubre de 1808, y unos espacios determinados: Ciudad Rodrigo y sus alrededores, el Fuerte de la Concepción y la plaza fuerte de Almeida, en Portugal.

sábado, 25 de julio de 2015

El asesinato de Ariza y los sucesos del 10 de junio de 1808

Ciudad Rodrigo no fue ajena en 1808 a la llamada de la sangre. El levantamiento del 2 de mayo en Madrid, sofocado por Murat, había sido el detonante para el despliegue de una rebelión popular como respuesta al amiguismo, rayano con la felonía, que a los ojos del pueblo abanderaba Manuel de Godoy, el Príncipe de la Paz,  valido de Carlos IV, en la antesala del motín de Aranjuez que llevaría a Fernando VII al trono real.

viernes, 29 de mayo de 2015

Festejos taurinos tras la Guerra de la Independencia

Ya hemos visto que los festejos taurinos vinculados al Carnaval o a cualquier otra celebración ha sido práctica habitual en nuestra particular historia. Y que los distintos acontecimientos, incluidos episodios bélicos, no fue óbice para mantener dichas celebraciones taurinas, incluso al socaire de la Guerra de la Independencia, como ya se ha apuntado en otro post. Era una práctica que, pese a la escasez de recursos, continuaría en los años siguientes. Estamos al final de la Guerra Peninsular.

martes, 24 de marzo de 2015

El convento de Santo Domingo durante la Guerra de la Independencia

Como ocurrió en los albores del siglo XVIII, el XIX también nacía huracanado. La revolución francesa quería llegar a España y trasciende los Pirineos para intentar acomodarse en todo el territorio español. Ciudad Rodrigo no fue ajena a la defensa nacional personificada en su rey Fernando VII, como lo fue en 1371 cuando Enrique II quiso imponer por la fuerza su vasallaje. Y si entonces los frutos de esa valentía fue la destrucción casi total de Ciudad Rodrigo, en 1810, con la resistencia al sitio napoleónico, vino a suceder lo mismo. Y de ello no se libró –recordemos que en 1371 se arruinó el primer convento dominico- el monasterio de Santo Domingo, asentado en el arrabal de San Francisco, sin apenas defensa. “Se levantaron palizadas desde el convento de Santo Domingo, cruzando la llanura de Toledo [Campo de], hasta la recién construida media luna de San Andrés, entre las puertas del Conde y de San Pelayo”.[1] Además, se fortificaron los conventos de Santo Domingo, Santa Clara y San Francisco[2],

viernes, 13 de febrero de 2015

Apuntes sobre la fortificación de Ciudad Rodrigo (X)

Tomada la plaza y sometidos los españoles a la letra de los términos en que se firmó la capitulación, el general Reynaud toma el mando de la plaza con funciones de gobernador. Se le encomienda que tome las medidas precisas para poner en defensa la destartalada fortificación de Ciudad Rodrigo, con una brecha abierta en el frente norte y con la mayor parte de los edificios destruidos.

viernes, 6 de febrero de 2015

Apuntes sobre la fortificación de Ciudad Rodrigo (IX)

Herrasti, después de la capitulación de Ciudad Rodrigo el 10 de julio de 1810, y como respuesta al libro que escribió Policarpo Anzano,[1] que consideraba que no se ajustaba del todo a lo que realmente ocurrió, quiso plasmar en unas memorias[2] los sucesos que desencadenaron la rendición de la plaza. De esta forma también refleja los preparativos y, dentro de estos, la ejecución de las distintas obras para mejorar la defensa de Ciudad Rodrigo, aunque las lamentaciones por la falta de caudales eran evidentes: “Pero la escasez de medios con que nos hallábamos para activar las obras necesarias, hacer acopios suficientes de víveres, reparar muchas partes de la fortificación que lo exigían, etc., no permitía que se pudiesen llevar a debido efecto los presupuestos que se formaron…”[3] y que fueron suscritos por el brigadier Juan de Belesta, por el comandante de artillería Francisco Ruiz Gómez y por el teniente coronel e ingeniero Nicolás Verdejo, por lo que “tuvimos que ceñirnos a sólo lo más urgente, trazándose y empezándose a construir inmediatamente una batería en figura de revellín sobre la plaza de armas que estaba a la derecha de la puerta del Conde, entre ésta y la de San Pelayo, frente del convento de Santo Domingo, que además de cubrir una gran parte de los recintos principal y falsabraga, tenía la ventaja de defender el flanco derecho del arrabal de San Francisco, sus bocacalles, porción del Campo de Toledo y batía la parte de las huertas de los Cañizos y todas sus avenidas; cuyo trabajo, aunque grande, costoso y de prolija ejecución, se logró concluir enteramente y llegó a servir en los últimos ataques con mucha utilidad para nuestra defensa.”[4]

domingo, 7 de diciembre de 2014

Festejos taurinos en la Guerra de la Independencia

Estábamos en guerra. España y Francia se la habían declarado a Portugal, tradicional aliado de Inglaterra, en 1807. En octubre de aquel año Manuel Godoy, valido de Carlos IV, había firmado el tratado de Fontainebleau que esencialmente preveía el apoyo logístico al paso de las tropas imperiales camino de Portugal. Bajo el mando del general Jean-Andoche Junot el ejército francés entró en España el 18 de octubre de 1807 cruzando su territorio a toda marcha en otoño y llegó a la frontera con Portugal el 20 de noviembre. Sin embargo, los planes de Napoleón iban más allá y sus tropas fueron tomando posiciones en importantes ciudades y plazas fuertes con objeto de derrocar a la Casa de Borbón y suplantarla por su propia dinastía, convencido de contar con el apoyo popular.