Se aventuraban
unas Fiestas Tradicionales históricas y, desgraciadamente, sí lo fueron. El
domingo antes de Carnaval se propaló a los cuatro vientos la celebración del
antruejo mirobrigense. Después de los vanos intentos del año anterior con el
poeta Agustín de Foxá, el historiador jaenés Rafael Láinez Alcalá pronunció el
que sería el primer pregón del Carnaval del Toro, un acto multitudinario,
festivo, que también sirvió de homenaje a otro referente de la antonomástica
fiesta mirobrigenses: Agustín San Ezequiel, Triguito.
Después llegaría la sana alegría
iniciada con los festejos taurinos del sábado siguiente. Todo iba bien... hasta
que en la madrugada del Martes de Carnaval de 1954 se desató un voraz incendio
que destruyó completamente los locales del Casino Mirobrigense y de El
Porvenir, anexos al Teatro Nuevo. Todos los esfuerzos por sofocar el fuego
fueron inútiles. Esos centros de referencia para los mirobrigenses fueron
devorados por las llamas. Pérdidas cuantiosas... Lamentos y tristeza general.
Era Carnaval y la fiesta siguió. No era el final previsto, ni mucho menos.
Pero, como otras tantas veces ha ocurrido en la historia carnavalesca, los
mirobrigenses se sobrepusieron ante la desgracia vivida unas horas antes y la
fiesta continuó hasta el último desencierro, que dio paso a los bailes
previstos, incluido el del Teatro Nuevo.
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martes, 30 de diciembre de 2014
domingo, 23 de noviembre de 2014
Centenario del incendio que destruyó el Teatro Principal
No quisiera dejar finalizar este año sin hacer un recordatorio de la efeméride del centenario de un siniestro que acabó definitivamente con uno de los referentes culturales que había tenido Ciudad Rodrigo desde mediados del siglo XIX, en concreto desde que en 1846 el Hospital de la Pasión retomase su compromiso con la actividad teatral promoviendo la construcción de un espacio escénico para ofrecer a los mirobrigenses la oportunidad de seguir disfrutando de las representaciones dramáticas y, más adelante, de la incorporación del cinematógrafo. Nos referimos al Teatro Principal, pasto de las llamas el 20 de marzo de 1914.
viernes, 7 de noviembre de 2014
Una procesión inesperada
En la víspera de
la festividad de Nuestra Señora de la Ascensión , a las diez de la noche del 30 de mayo
de 1696, se desató un pavoroso incendio en la casa que habitaba el boticario de
la ciudad Juan Antonio Dávila, ubicada en la
Rúa Nueva , junto a las Casas
Consistoriales. La magnitud del incendio hizo temer desde un principio que se
extendiera a las casas inmediatas e incluso a toda la manzana, incluyendo el
propio Ayuntamiento, la aneja iglesia de San Juan e incluso otros inmuebles que
conformaban la hilada de viviendas de la parte este de la calle a la que daba
nombre el citado templo.
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