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sábado, 13 de diciembre de 2014

Derribo y erección de las Tres Columnas

«Hoy se destruye por el gusto de destruir, porque se pretende romper todo el lazo de unión entre lo presente y lo pasado; antes era el extranjero quien incendiaba destruía, talaba y arruinaba, a costa de la sangre de nuestros padres; lo que no había ocurrido nunca hasta ahora en Ciudad Rodrigo es que los mirobrigenses se gozaran en sus propias ruinas; lo que estaba reservado, a estos nuestros tiempos de ignorancia y de egoísmo, era derribar lo que habían respetado los enemigos de la patria, y encima burlarse de los que aman las glorias de su pueblo; que el enemigo, en una guerra de exter­minio, lanzase satánica carcajada cada vez que una bomba volaba un edificio, bárbaro era, pero era lógico y natural; lo que es inaudito, lo que es incomprensible, lo que causa indignación y vergüenza, es que un pueblo consienta impasible que se ultrajen y pisoteen sus más nobles sentimientos, dejando que sea rota y hollada su bandera, sus armas, las armas y la bandera de sus antepasados, y que encima los inspiradores y aconseja­dores y responsables de la hazaña... se rían de la gracia; lo mismo, lo mismo que harían de seguro los franceses cuando desde el teso de San Francisco, vieron derrumbarse un lienzo del muro o sintieron desplomarse una calle entera».
«La Iberia» (6 de diciembre de 1903)

viernes, 7 de noviembre de 2014

Una procesión inesperada

En la víspera de la festividad de Nuestra Señora de la Ascensión, a las diez de la noche del 30 de mayo de 1696, se desató un pavoroso incendio en la casa que habitaba el boticario de la ciudad Juan Antonio Dávila, ubicada en la Rúa Nueva, junto a las Casas Consistoriales. La magnitud del incendio hizo temer desde un principio que se extendiera a las casas inmediatas e incluso a toda la manzana, incluyendo el propio Ayuntamiento, la aneja iglesia de San Juan e incluso otros inmuebles que conformaban la hilada de viviendas de la parte este de la calle a la que daba nombre el citado templo.