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sábado, 13 de diciembre de 2014

Derribo y erección de las Tres Columnas

«Hoy se destruye por el gusto de destruir, porque se pretende romper todo el lazo de unión entre lo presente y lo pasado; antes era el extranjero quien incendiaba destruía, talaba y arruinaba, a costa de la sangre de nuestros padres; lo que no había ocurrido nunca hasta ahora en Ciudad Rodrigo es que los mirobrigenses se gozaran en sus propias ruinas; lo que estaba reservado, a estos nuestros tiempos de ignorancia y de egoísmo, era derribar lo que habían respetado los enemigos de la patria, y encima burlarse de los que aman las glorias de su pueblo; que el enemigo, en una guerra de exter­minio, lanzase satánica carcajada cada vez que una bomba volaba un edificio, bárbaro era, pero era lógico y natural; lo que es inaudito, lo que es incomprensible, lo que causa indignación y vergüenza, es que un pueblo consienta impasible que se ultrajen y pisoteen sus más nobles sentimientos, dejando que sea rota y hollada su bandera, sus armas, las armas y la bandera de sus antepasados, y que encima los inspiradores y aconseja­dores y responsables de la hazaña... se rían de la gracia; lo mismo, lo mismo que harían de seguro los franceses cuando desde el teso de San Francisco, vieron derrumbarse un lienzo del muro o sintieron desplomarse una calle entera».
«La Iberia» (6 de diciembre de 1903)