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jueves, 26 de marzo de 2015

Elecciones violentas en Fuenteguinaldo: dos asesinatos en 1891

Ahora que se avecina un periodo electoral, viene a cuento recordar lo que ocurrió en el entorno mirobrigense en 1891 para calibrar hasta dónde podía llegar el fanatismo en la defensa de los intereses políticos, muchas veces sirviendo de argumento y disfraz para aliviar disputas personales. Aquel fue un año electoral nada tranquilo. La campaña coincidió con el preludio carnavalesco. De hecho, todo parecía girar en torno a la política. Los intereses de los dos bandos contendientes en el distrito de Ciudad Rodrigo, pandistas y arjonistas, es decir, los seguidores del militar Luis Manuel de Pando y del acaudalado e influyente propietario Luis Sánchez-Arjona, a la sazón conservadores y fusionistas –liberales-, no tuvieron reparo en plasmar su contienda electoral editando sendos periódicos mirobrigenses que, como era de esperar, tuvieron la vida que truncó el resultado electoral del 1 de febrero. Eran La Verdad[1]y La Opinión, aunque también la prensa provincial tomaba partido por conservadores o liberales sin ningún reparo, con todas las consecuencias, incluso con acusaciones rocambolescas buscando únicamente su influencia en el electorado, que desde 1890, gracias a los fusionistas, había conseguido un logro: el sufragio universal masculino.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

1771: Un episodio taurino en Fuenteguinaldo

Ignoramos el número de tragedias que han podido ocurrir en Ciudad Rodrigo y su tierra vinculadas al mundo taurino. Existe una página en internet -www.lostorosdanyquitan.com-, en donde el prestigioso poeta e investigador mexicano Loepoldo Peña del Bosque, ha ido y va reseñando cuantas tragedias taurinas conoce o le facilitan. En la nómina que existe, hay varias referidas a Ciudad Rodrigo y su radio de acción. Una de ellas, la más antigua hasta ahora, es la que hoy rescatamos, sucedida en la localidad guinaldesa.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Fuenteguinaldo, de soslayo

Todo fluye de la iglesia. Es el vértice de la colina, una loma histórica jalonada por calles en espiral que se empinan hacia lo dominante. Es la referencia visual, el culmen en el horizonte, el descuello de la silueta de Fuenteguinaldo, su atalaya.

martes, 4 de noviembre de 2014

El codicilo del guinaldés Francisco Pérez Patón

A la llamada del dinero fácil, de la aventura que suponía adentrarse en las tierras recién descubiertas por Cristóbal Colón, no fueron ajenos los guinaldeses. Varias referencias nos encontramos en el Archivo General de Indias sobre la aventura americana de vecinos de Fuenteguinaldo, caso de Juan Gómez de Santiago, quien, como criado, acompañó en 1646 a Nueva España al doctor Juan Ruiz Colmenero, obispo de Guadalajara; como Manuel Núñez, también criado de Andrés de Elejalde y Avendaño, quienes obtuvieron licencia de pasajeros hacia Perú en 1592; o Juan Mateos, quien embarcó hacia Indias en 1516; o Isabel Ruiz, que se dirigió a Nueva España en 1557; o el fraile franciscano Lorenzo Torrado, quien en 1635 acompañó a Chile, junto con otros varios religiosos, algunos de la comarca mirobrigense, a fray Pedro Vázquez; o como los homónimos Francisco Pérez Patón, dos guinaldeses que también se aventuraron al Nuevo Mundo. Ambos fueron a Perú; uno de ellos –hijo de Francisco Pérez Patón y de María Gómez-- acabó recalando en el Nuevo Reino de Granada con su mujer, la sevillana María de Medina, y su criada María López, también oriunda de la capital andaluza, tras obtener pasaje en 1617. El otro, hijo de Cristóbal Pérez Patón y de Catalina Mateos, desembarcó en el puerto de la Ciudad de los Reyes, aunque su trasiego en busca de fortuna le llevó hasta Portobelo, en Panamá, en donde murió en 1623, después de haber pasado por el hospital de San Felipe de Yucatán (Portobelo), en el Nuevo Reino de Granada.

Un meteorito en Fuenteguinaldo

La historiografía y épica regias nos dan noticias de Fuenteguinaldo en distintas épocas. Los cronistas, parcos la mayoría de las veces al referirse a la villa, cuentan algunas andanzas de los reyes de turno, especialmente entre los siglos XIV y XVI. Se recuerda, por ejemplo, el paso de Alfonso XI por la villa guinaldesa en el Poema de Alfonso Onceno, un anónimo de 1348, en el que se refiere el paso del rey a Portugal:

“Este rey de gran bondad
a gran priessa fue guisado,
passó luego por Cibdad
(e) llegó a Fuenteguinaldo
con (muy) gran cavallería
-fijos dalgo en general-:
casó con doña María,
fija del de Portugal”.