Ahora que se avecina un periodo electoral, viene a cuento recordar lo que ocurrió en el entorno mirobrigense en 1891 para calibrar hasta dónde podía llegar el fanatismo en la defensa de los intereses políticos, muchas veces sirviendo de argumento y disfraz para aliviar disputas personales. Aquel fue un año
electoral nada tranquilo. La campaña coincidió con el preludio carnavalesco. De
hecho, todo parecía girar en torno a la política. Los intereses de los dos
bandos contendientes en el distrito de Ciudad Rodrigo, pandistas y arjonistas,
es decir, los seguidores del militar Luis Manuel de Pando y del acaudalado e
influyente propietario Luis Sánchez-Arjona, a la sazón conservadores y
fusionistas –liberales-, no tuvieron reparo en plasmar su contienda electoral
editando sendos periódicos mirobrigenses que, como era de esperar, tuvieron la
vida que truncó el resultado electoral del 1 de febrero. Eran La Verdad[1]y La Opinión, aunque también la prensa
provincial tomaba partido por conservadores o liberales sin ningún reparo, con
todas las consecuencias, incluso con acusaciones rocambolescas buscando
únicamente su influencia en el electorado, que desde 1890, gracias a los
fusionistas, había conseguido un logro: el sufragio universal masculino.
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jueves, 26 de marzo de 2015
miércoles, 24 de diciembre de 2014
1771: Un episodio taurino en Fuenteguinaldo
Ignoramos el número de tragedias que han podido ocurrir en Ciudad Rodrigo y su tierra vinculadas al mundo taurino. Existe una página en internet -www.lostorosdanyquitan.com-, en donde el prestigioso poeta e investigador mexicano Loepoldo Peña del Bosque, ha ido y va reseñando cuantas tragedias taurinas conoce o le facilitan. En la nómina que existe, hay varias referidas a Ciudad Rodrigo y su radio de acción. Una de ellas, la más antigua hasta ahora, es la que hoy rescatamos, sucedida en la localidad guinaldesa.
viernes, 19 de diciembre de 2014
Fuenteguinaldo, de soslayo
Todo fluye de la iglesia. Es el
vértice de la colina, una loma histórica jalonada por calles en espiral que se
empinan hacia lo dominante. Es la referencia visual, el culmen en el horizonte,
el descuello de la silueta de Fuenteguinaldo, su atalaya.
martes, 4 de noviembre de 2014
El codicilo del guinaldés Francisco Pérez Patón
A la llamada del
dinero fácil, de la aventura que suponía adentrarse en las tierras recién
descubiertas por Cristóbal Colón, no fueron ajenos los guinaldeses. Varias
referencias nos encontramos en el Archivo General de Indias sobre la aventura
americana de vecinos de Fuenteguinaldo, caso de Juan Gómez de Santiago, quien,
como criado, acompañó en 1646
a Nueva España al doctor Juan Ruiz Colmenero, obispo de
Guadalajara; como Manuel Núñez, también criado de Andrés de Elejalde y
Avendaño, quienes obtuvieron licencia de pasajeros hacia Perú en 1592; o Juan
Mateos, quien embarcó hacia Indias en 1516; o Isabel Ruiz, que se dirigió a
Nueva España en 1557; o el fraile franciscano Lorenzo Torrado, quien en 1635
acompañó a Chile, junto con otros varios religiosos, algunos de la comarca
mirobrigense, a fray Pedro Vázquez; o como los homónimos Francisco Pérez Patón,
dos guinaldeses que también se aventuraron al Nuevo Mundo. Ambos fueron a Perú;
uno de ellos –hijo de Francisco Pérez Patón y de María Gómez-- acabó recalando
en el Nuevo Reino de Granada con su mujer, la sevillana María de Medina, y su
criada María López, también oriunda de la capital andaluza, tras obtener pasaje
en 1617. El otro, hijo de Cristóbal Pérez Patón y de Catalina Mateos,
desembarcó en el puerto de la Ciudad de los Reyes, aunque su trasiego en busca
de fortuna le llevó hasta Portobelo, en Panamá, en donde murió en 1623, después
de haber pasado por el hospital de San Felipe de Yucatán (Portobelo), en el
Nuevo Reino de Granada.
Un meteorito en Fuenteguinaldo
La
historiografía y épica regias nos dan noticias de Fuenteguinaldo en distintas
épocas. Los cronistas, parcos la mayoría de las veces al referirse a la villa,
cuentan algunas andanzas de los reyes de turno, especialmente entre los siglos
XIV y XVI. Se recuerda, por ejemplo, el paso de Alfonso XI por la villa
guinaldesa en el Poema de Alfonso Onceno,
un anónimo de 1348, en el que se refiere el paso del rey a Portugal:
“Este rey de
gran bondad
a gran priessa
fue guisado,
passó luego por
Cibdad
(e) llegó a
Fuenteguinaldo
con (muy) gran
cavallería
-fijos dalgo en
general-:
casó con doña
María,
fija del de
Portugal”.
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