La erección del monasterio de Santa
Águeda en Ciudad Rodrigo está vinculada con la etapa básica del esplendor de la
arquitectura religiosa en los orígenes de la Diócesis civitatense. La documentación
histórica nos traslada al 28 de marzo de 1169, cuando Fernando II entrega a
“Humberto, camerarius hispaniae de Cluny y prior de Carrión, el monasterio de
Santa Águeda en Ciudad Rodrigo y la aldea de Sahelices el Chico pro remedio animae mea et parentum meorum.
A través de esta donación, los monjes negros instalaron en el espacio
mirobrigense un priorato, que se mantendrá como tal hasta finales de la Edad
Media”.[1]