A veces, tal vez
en mi ineptitud ante quienes tienen la palabra, apunto ideas que se soslayan
como aventureros comentarios que buscan zaherir murallas seculares. Ocurre que
esos muros están cimentados en unas bases tan frágiles que la propia inercia hacen que se
desmoronen sin necesidad de recurrir a los acostumbrados arietes, a postulados
convenidos para favorecer la causa oportuna.