Tras los avatares de la Guerra de la
Independencia, con las graves consecuencias que tuvieron los dos sitios para la
configuración urbana intramuros, el historiador Mateo Hernández Vegas nos hace
una somera descripción de cómo quedó el entorno de la Catedral de Santa María,
lo que después sería bautizado como Plaza de Pérez de Herrasti, en homenaje al
defensor de Ciudad Rodrigo, y que previamente había ocupado una barriada
relevante en su definición arquitectónica: “Aún era más importante y costosa la
obra de desescombrar todo el campo enfrente de la torre [de la catedral] y la
sala capitular. Por efecto de los bombardeos se habían arruinado todas las
casas que había en aquel sitio (casi todas del Cabildo) y los montones de
ruinas unidos a la inmensa cantidad de tierra acumulada allí para proteger el
depósito de pólvora que estaba debajo de la torre, formaban una gran rampa
continua desde la puerta de la iglesia hasta la altura de la muralla”.
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martes, 21 de abril de 2015
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