Se ha dicho, y reitero, que los mirobrigenses siempre han tenido apego a las fiestas taurinas. La documentación que se conserva es elocuente en esta materia. Cualquier oportunidad era aprovechada para organizar un festejo taurino, bien en serio -como novillada o corrida de toros- o una simple capea en un espacio ad hoc o en un simple descampado, recurriendo a los carros y carretas para configurar el sobrevenido coso. La festividad de San Isidro cuenta con esa tradición taurina. La cortina del Hospicio, la plaza que allí se construyó y desmanteló en sucesivas ocasiones, el corral del matadero... eran referentes espaciales para desarrollar una capea festejando al "príncipe de los gañanes", como definió un redactor de La Iberia al patrón de agricultores y ganaderos.