En
el nombre del Padre, que fizo toda cosa,
Et de don Ihesuchristo, fijo de la Gloriosa,
Et del Spiritu Sancto, que egual d’ellos posa, (...)
Quiero fer una prosa en román paladino,
En qual suele el pueblo fablar a su vecino,
Ca non so tan letrado por fer otro latino.
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.
Et de don Ihesuchristo, fijo de la Gloriosa,
Et del Spiritu Sancto, que egual d’ellos posa, (...)
Quiero fer una prosa en román paladino,
En qual suele el pueblo fablar a su vecino,
Ca non so tan letrado por fer otro latino.
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.
Estos versos del
primer poeta español de nombre conocido, Gonzalo de Berceo, sirvieron de
introducción al que considero uno de los mejores pregones que se han ofrecido
en Ciudad Rodrigo –al menos, que yo haya escuchado o leído-, en su Teatro Nuevo
o en otros escenarios, como espaldarazo al Carnaval del Toro. Los versos,
pronunciados por el poeta, escritor y periodista Santiago Amón en 1988,
reflejaban parte de la esencia de su discurso, hilvanado sin otros papeles que
los que le dictaba la memoria y le guardaba el corazón. Fue un baluarte en la
defensa y conservación del Teatro Nuevo, falleciendo en accidente de
helicóptero meses después en la
Sierra de la Cabrera.
Sirva este recordatorio para mantener viva su memoria y la
esencia del oficio de pregonero.