Hace unas
semanas, en la sección de ilustres mirobrigenses, dediqué algunas líneas a
Diego de Guzmán de Silva, un diplomático rodericense que fue, entre otros
destinos y cometidos, embajador de España en Inglaterra o Venecia. A su muerte,
como ya dije, dejó un codicilo en el que señalaba la reconstrucción total de la
iglesia advocada a San Isidro o Isidoro, ubicada en lo que hoy es plaza del
Conde y en su día fue campo o plaza de San Isidoro. Una encomienda que asumiría
su sobrino Antonio Nieto de Silva y que se concretaría en las disposiciones y
condiciones de un contrato[1] que
se firmó con el maestro de cantería Juan de Balbás el 7 de octubre de 1598 para
que se concretase la erección de la referida capilla en virtud del
correspondiente pliego de condiciones, entre cuyos puntos se estipulaba que la
obra debería estar acabada el 29 de septiembre de 1600. Sin embargo, como suele
ocurrir, los trabajos se extenderían algunos años más.
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sábado, 18 de julio de 2015
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