La tragedia se
presentó en la tarde del Domingo de Carnaval, 24 de febrero de 1963. Se
acercaba el desencierro y Sebastián Gil Hernández, natural de Ciudad Rodrigo, jornalero
de 37 años, acompañado de Álvaro Hernández –conocido por Bernadé-, un albañil de 61 años con el que mantenía buena relación,
a la sazón arrendador de la Huerta de la Esperanza –ubicada en la margen
izquierda de la carretera a Sanjuanejo, a la altura de la Huerta del Piojo, en
donde tenía su domicilio Sebastián-, enfilaban la vía que ese mismo año se
había dedicado al escritor falangista Agustín de Foxá, ambos camino de sus respectivas
moradas. También con el propósito de ver, no sabían muy bien desde dónde, el
paso de los toros en el desencierro.