El Carnaval de Ciudad Rodrigo, desde tiempo inmemorial, ha contado con
algunos ingredientes que con el paso del tiempo se convirtieron en
tradicionales, aunque a veces su esencia dejara más de un encontrón. En esa
tesitura se ancla, por ejemplo, la práctica de los inveterados espantes, esas
acciones casi convenidas con los propios ganaderos y la organización de los
encierros de cada antruejo que, en ocasiones, rebasaban los límites consentidos
y derivaban en enfrentamientos, ajustes de cuenta o agresiones inesperadas y
que hacían necesaria la intervención de las fuerzas de orden público para
intentar aclarar lo sucedido. De alguno de estos extremos ya he apuntando su esencia
y resultado, incluso parte de lo que ahora escribo se integró en una charla
ofrecida en unas jornadas sobre patrimonio promovidas por el CFIE (Centro de
Formación del Profesorado e Innovación Educativa) que trató del Carnaval
represaliado, una actitud que determinó que el antruejo pasase a ser
considerado en su definición como meras “fiestas tradicionales” para superar la
censura franquista.
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lunes, 22 de diciembre de 2014
viernes, 21 de noviembre de 2014
El temporal de 1626 y el 'huracán' de 1941
Los mirobrigenses, especialmente los del Arrabal del Puente, siempre han mirado al Águeda de soslayo, un sesgo que todavía se mantiene pese a la regulación que se supone del río con las dos presas existentes en las proximidades de Ciudad Rodrigo. Hay numerosos capítulos de riadas protagonizadas por el “serrano” y “cascajoso” afluente del Duero, como adjetivaba el vate agustino Diego Tadeo González, algunas con trágicas consecuencias, como la recordada del 22 de diciembre de 1909.
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