Un post breve para hoy. Daría mucho más de sí la información, porque no deja de ser muy relevante que un rey visite Ciudad Rodrigo, acompañado además del presidente del Gobierno. Pero bueno, obviando todo lo que fue la parafernalia de la visita y de la que se ha escrito con viveza en distintos medios de comunicación, en vivo y también, con el paso del tiempo, con la mirada retrospectiva habitual, quisiera hoy recordarles que, después de que se ausentase el rey, los mirobrigenses siguieron a lo suyo y esto no era otra cosa que dedicarse a la fiesta. Y dentro de la fiesta, lógicamente, está el capítulo taurino. Era el final de mayo, a las puertas de los días feriados. Ciudad Rodrigo, gracias a una serie de empresarios, mantenía el espacio taurino en el que se había convertido el corral del Hospicio. Y se aprovechó como remate de los actos de la estancia del rey de España.
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sábado, 7 de febrero de 2015
lunes, 26 de enero de 2015
Mueren tres niñas en una procesión aplastadas por una campana
Llevo unos días un tanto trágico -muertos por el hundimiento del coro en la iglesia de Sahelices, el crimen del cabrero en el Carnaval de 1912...-. Metidos en harina y para cerrar esta primera trilogía luctuosa, quiero recordar otra tragedia que sacudió a los mirobrigenses en 1928 y que ocasionó la muerte de tres niñas, con edades comprendidas entre los siete y 12 años, al caerles encima una de las campanas de la espadaña de la iglesia de San Pedro-San Isidoro cuando estaban procesionando en torno al templo aquel Domingo de Ramos.
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