Hay casos o
sucesos que por su notoriedad, aunque ocurran en un lugar remoto, acaban
cobrando un protagonismo inesperado. Ocurre ahora, en estos tiempos del imperio
de las telecomunicaciones; pero también sucedía cuando el conocimiento de las
noticias iba poco más allá de las hablillas o, y ya era algo extraordinario,
saltaba a las letras de imprenta a través de las incipientes agencias de
noticias, surgidas con la expansión del capitalismo a mediados del siglo XIX.
Parecería extraño que un suceso ocurrido en una villa de la Tierra de Ciudad
Rodrigo fuera la comidilla de media España y posiblemente saltara allende
nuestras fronteras si no se contase con un foco que propalase la noticia en
busca de unos destinatarios ávidos, entonces y también ahora, por acercarse a
la prensa periódica y ver qué pasaba en su derredor.