El 2 de junio[1] de 1907 se organiza una
novillada en la plaza provisional del Hospicio, una especie de capea con remate a espada, a beneficio del asilo de
ancianos. En esta ocasión el cronista responde al apodo de Fatigas y se luce,
se explaya más bien, a gusto con la crónica, en donde el peor parado será el
presidente, Lorenzo Roldán[2], el
alcalde accidental por los achaques del titular, Clemente de Velasco: “¿V. S.
se cree que presidir una corrida es lo mismo que una sesión del Ayuntamiento en
que todo marcha como las propias rosas? No señor. ¿Sabe V. S. los avisos que se
han de dar y el tiempo que ha de mediar de uno a otro para decretar el
desahucio? ¿Ha oído hablar V. S. de un reloj de arena y otras formalidades?
Pues hay que enterarse, porque las fiestas taurinas están reglamentadas y la
mala dirección puede ser causa de un conflicto”, le espeta, con golpes
directos, el crítico al presidente del festejo.