Corría mayo de
1912 cuando en los periódicos locales de Ciudad Rodrigo y en varios medios de
comunicación provinciales saltó una noticia alabada sin miramientos por la
crítica del momento: “Las mozas de Gallegos de Argañán se han
juramentado para no admitir relaciones amorosas con ninguno de los solteros
alistados que hayan sido declarados inútiles para el servicio militar”, se
reseñaba.