Se trata de un espacio urbano
definido por una de las islas nucleares del casco histórico y que tiene por
referencia sustancial el conjunto del antiguo cenobio e iglesia de San Agustín.
Tuvo su extensión hacia la actual calle/plaza dedicada al benefactor mirobrigense Domingo
García Velayos, arcediano penitenciario de La Habana, y lo que se llamó hasta el siglo XVII “calle y Rinconada de la
Pasión”, que hoy se denominan calle Colegios y Sinagoga. La calle de la Pasión,
como la cita en su nomenclátor callejero Antonio Sánchez Cabañas en su Historia civitatense, ya era conocida en
el siglo XVIII por la calle de Los Colegios, en relación con la institución
docente que ocupó esta vía urbana, frente al Hospital de la Pasión, y lo que hoy es
calle Velayos y parte de la plazuela del Lirio, inmueble que a finales del siglo
XIX se convirtió en el colegio Santa Teresa de Jesús.