Traemos hoy a colación a uno de
esos insignes mirobrigenses que el Ayuntamiento tuvo a bien en su
día, en febrero de 1906[1],
dedicarle una calle, casi una plaza por su configuración, pero del que apenas
conocíamos nada. Al menos eso me ocurría a mí hasta hace muy poco tiempo y me
imagino que también les haya ocurrido a ustedes. Me estoy refiriendo a Domingo
García Velayos, arcediano que fue de la Catedral de La Habana hasta su
fallecimiento en 1889, un mirobrigense que destacó por su bonhomía, por su
dedicación pedagógica y como benefactor –donó distintas e importantes cantidades
de dinero- para construir escuelas, especialmente aquí, en Ciudad Rodrigo.
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miércoles, 4 de marzo de 2015
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