La configuración
urbana de Ciudad Rodrigo responde a dos elementos sustanciales: por una parte,
está el recinto histórico, intramuros, que se complementa con sendos arrabales,
el siempre populoso de San Francisco y el vinculado al Puente Mayor. El Arrabal
de San Francisco –toma el nombre del convento que allí levantó- ya existía
cuando Fernando II repobló Ciudad Rodrigo en la segunda mitad del siglo XII:
“Existía ya entonces el arrabal de San Francisco, que en aquel tiempo llamaban
villa (de donde tomó el nombre el Cabildo de la Villa, creado también por
Fernando II, con constituciones, privilegios y hacienda, independientes del
Cabildo Catedral), una magnífica iglesia dedicada a Santa María, muy grande y
capaz, y de traza apropiada para servir de Catedral. Esta fue elegida por el
rey para sede episcopal”[1],
refiere el historiador local Mateo Hernández Vegas.