Estaban Ciudad
Rodrigo y los mirobrigenses para pocos dispendios en esta época. Se proyectaba
en el vecindario, en toda la sociedad, las consecuencias de la contienda vivida
en sus carnes por la ostentación de la Corona española tras la muerte sin
descendencia de Carlos II, una guerra, la de Sucesión Española, que se extendió
desde 1701 hasta 1713 y en la que Ciudad Rodrigo tuvo un protagonismo
destacado, especialmente tras caer en manos de los partidarios del archiduque
Carlos en mayo de 1706 y ser recuperada para la causa de Felipe V a principios
de octubre de 1707. Los daños sufridos en la población fueron ostensibles,
provocando de paso la modernización de un sistema defensivo que se había
mostrado vulnerable por obsoleto, convirtiendo la bicoca de origen medieval en
una fortificación abaluartada que se presentaría un siglo después como la
úlcera sangrante de Napoleón en su afán imperialista.