Son, sin duda,
una referencia. Quizá el carnet de identidad más popular que, sin necesidad de
mostrarlo, identifica al personaje; también a sus ancestros. Es una especie de
genealogía apócrifa pero con un punto de partida: una persona que, por defecto,
actitud o prosapia sugirió un baldón –no siempre despectivo, por cierto- que
cundió en sus convecinos de tal forma que, muchas veces, apaga la propia
identidad, el nombre y apellidos de la persona de referencia. Son los apodos,
los motes, que en Ciudad Rodrigo son una expresiva muestra de la chanza
–también invectiva- mirobrigense.