Con brevedad -tal vez sea un decir-, quisiera hoy un ofrecerles un capítulo anecdótico vinculado a la sociedad mirobrigense, a sus costumbres disolutas y a la influencia que en su día tuvo en el clero, concretamente en la gobernanza del cenobio trinitario, cuyo predicador general, Juan del Manzano, en diciembre de 1669 pidió la intervención del corregimiento municipal antes los excesos que por las noches se cometían a la vera del convento.