El próximo
Carnaval carecerá, por segundo año consecutivo, de corte de honor. Todo
evoluciona y hay que saber encajar los cambios. Que no haya reina ni damas de
honor, como se vio el pasado antruejo, no merma el atractivo de unas fiestas
que indudablemente tienen otros fundamentos más allá de una puesta en escena
protocolaria, a la sazón reducida a unos pocos cientos de personas, la mayoría
peinando canas.