Aunque no era
habitual su presencia en Carnaval, el regimiento mirobrigense tenía también a
su cargo el concurso de varias personas para animar las funciones públicas.
Era el caso del clarinero, una plaza que por entonces se encontraba vacante
tras la muerte de su titular y a la que optó el súbdito lusitano Joseph Antonio, negro, quien pretendía
el clarín de Ciudad Rodrigo. Había sido esclavo, ya que presentó la carta de
libertad otorgada por su amo tras fallecer este, Francisco Antonio Rabelo, hacendado
de procedencia portuguesa y vecino de Fontercada.